La Torre del Fénix


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Desde hace unos meses, el mundo del tenis se ve agitado totalmente. Como si de la noche a la mañana se tratara, el circuito de la ATP sintió como su actualidad cambió drásticamente. Los amantes del tenis pudimos sentir como el tenis nació de nuevo, como podíamos volver a disfrutar de tal hermoso deporte. Y el claro culpable de este cambio es Juan Martín Del Potro.

 

No lo digo por ser argentino como él, y si da esa impresión de orgulloso, la reitero. Sí, como argentino, estoy orgulloso de él. El resurgir de Del Potro en el mundo del tenis ha despertado la pasión tenística de todos. Su vuelta ha sido como el resurgir del ave fénix en las cenizas. El resurgir de la Torre de Tandil. La Torre del Fénix. Es la misma ATP quien destaca a Delpo como ya una las personalidades de este año en el circuito.

 

Por eso, creo conveniente hacer un breve repaso de lo que ha sido la vida deportiva de Del Potro en los últimos años. Hace unos cuatro años, Juan Martín empezó a sentir unos terribles dolores en su muñeca izquierda. Unos dolores que le obligaron a abandonar las canchas por un tiempo prolongado. Unos dolores que le obligaron a pasar por el quirófono. Luego de unos cuantos meses, Delpo volvió. Volvió a jugar, pero no a competir. No se sentía cómodo, no podía desplegar su tenis. Y para colmo, unas semanas después de su vuelta, la peor noticia recayó sobre él. Recaída. Recaída de su lesión de muñeca. Significaba que iba a estar otra larga temporada a la sombra. Otra vez a pasar por el quirófano.

 

Por este perjudicado tema de lesiones en sus muñecas, Juan Martín estuvo a punto de tirarlo todo por la ventana. Y razón no le faltaba… Su tenis llegó al máximo en el 2009 cuando se proclamó campeón del US Open derrotando en la final al maestro eterno, Roger Federer. Tras tales terribles dolores, todo indicaba que su tenis no volvería. Para gracia de todos, volvió.

 

Tras meses de ejercitarse, de hacer rehabilitación, de hacerlo sin un cuerpo técnico que lo guiara adecuadamente, Delpo volvió sólo. Como lo cuenta él mismo, sólo sus amigos de toda la vida le ayudaron a seguir adelante en busca de la meta. Así llegamos hasta el presente año. Año en el cual se produjo la vuelta de Juan Martín Del Potro. Tras más de 3 años de idas y vueltas con las lesiones, tras pasar por el quirófano tres veces, tras casi retirarse del tenis profesional, la Torre de Tandil volvió al circuito, y esta vez, para quedarse y reivindicarse.

 

Primero, llegó la más que sorpresiva victoria ante Wawrinka, número tres del mundo, y encima en un Grand Slam. Luego llegaron los Juegos Olímpicos de Río 2016. Unos Juegos en los que Delpo soñaba con repetir la mitad de lo que logró en Londres 2012. Sin embargo, el camino empezó de la peor forma posible… Primera ronda ante el número uno, Djokovic. Pero el deporte es maravilloso, y la grandeza de Juan Martín, destacable. Ante todo pronóstico, Novak fue derrotado por el argentino. Luego cayeron Sousa, Taro Daniel, Bautista-Agut y hasta Rafa Nadal. En la final no se pudo ante Murray. No importaba, Delpo ya había logrado emocionar al mundo.

 

El 2016 de Delpo también se debe centrar en su rol con Argentina en la Copa Davis. Si bien, él siempre tuvo una relación más que irregular con la selección, este año cambió toda esa irregularidad. Juan Martín volvió para quedarse. Se vengó de Andy Murray tan sólo un mes después de los JJOO y le derrotó en semifinales de la Davis. Tras una enorme eliminatoria de todo el equipo, Argentina llegó a su quinta final de Copa Davis. Final que se jugará ante Croacia, de visitante, tal y como se viene jugando todo el año para Argentina. Más destacable todavía para el equipo albiceleste. Esperemos que llegue la primera copa.

 

En fin, este 2016 de Juan Martín Del Potro no ha terminado, ojalá las sorpresas y los triunfos sigan llegando. Pero si no llegan más alegrías, no pasa nada. Delpo, ya nos dio felicidad. Nos contagiaste tu amor al tenis. Nos contagiaste tu garra y superación. Desde ya, te decimos gracias. Gracias Delpo.

  

Gracias por leer.

 

Escrito por Guenter Schramm.

Dios vive.









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